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Sierra de Gata, el placer de contemplar

Tras el incendio del pasado agosto en el que casi 8.000 hectáreas fueron pastos de las llamas, el verde de la sierra resiste más que nunca y sus vecinos se movilizan para paliar los daños del incendio y preservar así un legado natural e histórico a las generaciones venideras.

Redacción: Marta Alvarado. Fotos: JL Sánchez

30 septiembre 2015

¡El agua está helada! es seguramente la frase más repetida del verano en las piscinas naturales de Sierra de Gata. Y es que hay que echarle valentía y arrestos para zambullirse en estos ríos del norte de Cáceres. Un agua helada, a veces gélida, pero cristalina, ya que este entorno natural único sigue manteniendo el equilibrio natural perfecto entre la naturaleza y la intervención del ser humano. También hay que tener valentía para probar los vinos de pitarra de la tierra, pues según dicen los lugareños, con un par de chatos hay que echarse a dormir. Y es que la sierra es mucho más que pinos, olivos, robles, ríos y fauna. La sierra es también el hogar de seres humanos que luchan por preservar lo suyo e ir hacia delante. Valentía, esa es la palabra clave en la sierra.

Los vecinos de la Sierra de Gata son en su mayoría jubilados, gente que ha vivido entre montañas toda la vida o que han vuelto tras un larga vida de emigrantes en el norte, pero también es el hogar de nuevas generaciones que se han enamorado del lugar. Esos a los que muchos llaman 'hippies' que creen y apuestan por otra forma de vida y que en muchas ocasiones llevan bajo el brazo títulos universitarios, incluso hay algunos intelectuales, y saben muy bien lo que se hacen. Verdaderos emprendedores que han revitalizado la zona abriendo negocios y aportando dinamismo y frescura al norte de Cáceres.

Un buen ejemplo de ello es la asociación 'Somos Sierra de Gata', la cual nació por y para la gente de la comarca. La plataforma nació de forma natural hace unos meses y está formada por personas originarias de la comarca así como por gente foránea que comparte la pasión por el lugar. Tiene cuatro objetivos claros: aumentar la calidad de vida de los pobladores de la sierra; atraer nuevos pobladores y afianzar la zona como área de segunda residencia; mantener la agricultura y la ganadería tradicional y crear nuevos empleos aprovechando las nuevas tecnologías. “Sólo de esta manera podemos mantener y conservar el paisaje. Estoy convencida de que lo vamos a conseguir” afirma con rotundidad y entusiasmo la periodista Sara Fontán, miembro de la plataforma, “todo el mundo que viene a la sierra alucina con lo que tenemos. Hay mucho potencial y además estamos a 3 horas de Madrid y si lo piensas bien a 5 de Zurich”. Por todo esto, reivindican una mejora de los transportes, que se abran más cajeros automáticos y otros pequeños detalles que aportarán mucho a la vida cotidiana y al turismo. Por otro lado, es una organización muy activa tras el desastre del pasado mes de agosto y han realizado propuestas como la 'Mesa de reforestación' que apuesta por volver a las plantaciones en mosaico con especies autóctonas, el cuidado de los bosques y que los terrenos forestales puedan ser usados para cultivos agrícolas, algo que hoy en día está prohibido por ley. También declara que la Junta de Extremadura “se está reuniendo con nosotros y nos escucha. Al fin parece que realmente estamos todos unidos para el beneficio de esta tierra”.

El secretario del Ayuntamiento soyano, Félix Montero “confía en que el verdor reaparezca” y apunta que “aunque hay negocios que han sufrido un descenso del turismo, la gente sigue viniendo a las piscinas y sigue haciendo reservas. Aún queda mucha vida en la sierra”. También cuenta que “el monte no se cuida solo, sino que es tarea de todos y para ello hay que recuperar la tradición ganadera y agricultora”.
Vicente Torres, bombero auxiliar de profesión y vecino de Perales del Puerto, fue evacuado de su casa y se fue a trabajar de seguido en las tareas de extinción de las llamas. Las horas pasaban lentas y fueron muchas, ya que estuvo trabajando más de 24 horas seguidas en lo que fue un “fuego muy difícil por las altas temperaturas y un viento que cambiaba continuamente”. A Torres le toca muy de cerca que el paisaje se queme ya que creció, como quien dice entre pinos y olivos, pues su padre fue guarda de Villasbuenas de Gata y conocía palmo a palmo todos los rincones del lugar. Unos rincones, unos árboles y un legado que ardieron en unas pocas horas.

Pero tras la tempestad viene la calma y hay que actuar sobre el terreno para paliar los daños causados. La cuestión es cómo hacerlo bien. Por un lado están las actuaciones políticas, y es cierto que la sierra ha sido imagen del día de Extremadura, se ha firmado un convenio con la Universidad de Extremadura que pretende ser un nuevo modelo de gestión forestal y prevención de incendios para reforzar así el seguimiento del terreno afectado. Por otro lado, está la labor de los vecinos, que impidieron a base de mangueras y cubos de agua que el fuego pasara a los pinares de Villasbuenas, a los voluntarios que prepararon bocadillos y dieron su apoyo a los evacuados. La solidaridad ha sido y sigue siendo excepcional.

“Lo que más tememos ahora son las lluvias porque pueden arrasar con todo y destrozar el suelo”, prosigue Torres. “Hay que preparar el pantano de La Cervigona para que no se contamine el agua potable. Eso es lo más urgente”. Además, apunta que “hay que mantener los montes limpios. Las cabras son las que mejor se encargan de esta tarea y es necesario que tanto el monte como las fincas particulares estén higienizadas para que no prenda el pasto”. Hay que volver a la tradición “los robles, los castaños o las encinas y alcornoques, serían a mi modo de ver, las mejores opciones para repoblar. Son los árboles autóctonos, por ejemplo, la dehesa de Villasbuenas es de robles, más resistentes al fuego y no tardan tanto en crecer como los pinos”.

El paisaje, identidad cultural y fuente de riqueza

Los quesos, el aceite, la miel, el vino o las setas se siguen produciendo en la zona de Gata. Y todo esto pese al fuego que ha arrasado casi 8.000 hectáreas de terreno, que pese a que supone menos del 10% de la comarca, ha afectado profundamente a sus habitantes, puesto que un incendio no sólo arrasa con paisajes, animales o pueblos, sino que ataca directamente a la identidad de los habitantes del medio.
Por lo general, los seres humanos perciben el paisaje de forma desprevenida, como un acto involuntario. Este hecho no es baladí, sino que en el acto inconsciente reside la importancia, ya que todo aquello que no es filtrado por la razón penetra directamente en el espíritu y toca las más hondas fibras sensibles del sentir. De esta manera, se consigue ese vínculo inexplicable entre el individuo y su espacio vital, que se relaciona directamente con la identidad. Asimismo, la estrecha relación con el paisaje va más allá de la relación de los elementos entre si y tienen mucho que ver en cómo los efectos de la acción humana se superponen con el medio. De esta forma, surge una relación tan estrecha que marca a fuego, nunca mejor dicho, el alma de los seres humanos. Surge así, como el título del libro de Joaquín Araujo, 'El placer de contemplar'. En este caso, el placer se ha transformado en cenizas en apenas unos días el pasado agosto, pero la gente de la sierra no va a rendirse tan fácilmente.

Tradición y modernidad. Valentía y coraje. La Sierra de Gata sigue viva gracias sus habitantes que se agrupan en asociaciones y plataformas para hacer ruido y dialogar con los de arriba, pero también a proyectos que surgen tanto de sus vecinos como de personas foráneas como las casas en los árboles de Villasbuenas, la ya tradicional Lalita de Acebo, los chiringuitos de las piscinas naturales, el aceite de oliva que no para de cosechar premios internacionales, la gastronomía, la granja insignia de Mcdonalds y el Wagyu ibérico... que no hacen más que acrecentar el verde del paisaje, que se alza en rebeldía contra el fuego y las aguas gélidas y cristalinas. Pero para conservar todo esto hace falta valentía y coraje y de eso en la Sierra de Gata saben, y mucho.

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